sábado, 19 de septiembre de 2009

Hace mil años...

que no escribo nada, pero es que cuando llego al hotel estoy cansadica, y esto del blog requiere cierta concentración.

Nos habíamos quedado en Kyoto (por Dios, hace siglosss de eso). Nuestro penúltimo día allí amaneció con chubascos, lo cual no nos sorprendió porque el día anterior fue soleado, y ya sabéis que nos tocaba una de cal y otra de arena. Nos dirigimos al Palacio Imperial para hacer la visita que no pudimos llevar a cabo el sábado, así que nada más llegar nos fuimos directas a la oficina de atención a la plebe. Allí rellenamos unos impresos en los que detallábamos hasta los hechos más nimios de nuestras vidas y nos citaron para una media hora después. Para entonces ya llovía bastante, of course. Resumiendo, el tour no estuvo mal, pero no es que el Palacio nos impresionara mucho. Para empezar, no puedes entrar en ningún edificio, sólo verlos desde el exterior, y no es lo mismo. Y los jardines son bonitos, pero los hemos visto mejores. Eso sí, tiene su gracia el morbillo de estar en un sitio más o menos vedado al público, y además es gratis gratis, lo cual es un gran aliciente.

Nada más salir del palacio dejó de llover, lo cual nos convenció de que el destino no nos quería cerca de la casa imperial,ves a saber por qué. El caso es que nos fuimos al templo de Kiyomizu, el de la gran balconada de madera.


El caso es que, sin planearlo, tuvimos la potra de pillar el festival de dragón que celebran cada año apra primavera y otoño. La mala noticia es que me quedé sin memoria en la tarjeta d ela cámara justo cuando iba a captar el asunto. Por supuesto, puse una memoria nueva. Entonces se me acabaron las pilas. Pude grabar un trocico de procesión, mejor eso que nada, supongo. Ya lo colgaré en feisbuc. También bebimos agua sagrada, pero nos hemos resfriado igual, así que no sé si será muy efectiva :-P

                                               



Bueno, después de eso decidimos visitar un temploque nos quedaba cerca del hotel y del que había oído hablar muy bien, se trata de Sanjusangen-do. El edificio principal es un pabellón de madera larguísimo (el edificio de madera más largo del mundo) y en el interior hay nada más y nada menos que 1000 estatuas de oro de Kannon rodeando una estatua central inmensa. O sea, 500 a derecha e izquierda. No se pueden tomar fotos dentro, así que nada de imágenes. Nos impresionó muchísimo, creo que es uno de los sitios que más me han gustado en todo el viaje. Había mucha gente dentro, pero así como en otros templos siempre se le oye hablar y reir, allí reinaba el más absoluto silencio. Las estatuas están colocadas en perfecta simetría y parece que estés mirando a un ejército, pero si te fijas detenidamente en cada una de ellas te das cuenta de que son todas sutilmente diferentes. La verdad es que el efecto es sobrecogedor.

Y ese fue nuestro penúltimo día en Kyoto. Al día siguiente cogimos el shinkansen y emprendimos rumbo al sur, a Hiroshima.

Pero no visitamos la ciudad ese día, sino que fuimos directas a Miyajima, la isla sagrada que está situada justo enfrente de la ciudad. Son sólo 10 minutillos en ferry, para que os hagáis una idea de lo cerca que están una de otra. Allí teníamos una reserva en un ryokan lujoso hasta el exceso, así que decidimos ir para allá primero, para dejar los trastos y eso. Ojo al dato, que te recogen el en puerto con un minibús y te llevan hasta el hotel, donde te recibe el personal a la puerta. Allá nos dio un ataque del síndrome del pobre y lo pasamos fatal con el recibimiento y , sobre todo, al ver al pobre muchcacho que se ocupó de nosotras cargar con nuestro equipaje. Si es que no estamos preparadas para ser ricas. Pero a todo se acostumbra uno, oyes. Después de hacer el check in nos llevaron a la habitación, y al llegar nos encontramos con la mesa puesta y con unas pastas japonesas preparadas. El muchacho de recepción que nos había acompañado (cargando con el equipaje again) nos hizo sentarnos y nos preparó el té mientras nos explicaba todo lo que había que saber sobre el hotel. Nosotras estábamos conteniendo la risa porque la habitación era tan grande y tan lujosa que era hasta ridículo y nos había dado un ataque de pobritis otra vez. Cuando se fue el chiquillo por fin ya eran las cuatro y media, y teniendo en cuenta que se cenaba a las 7, decidimos sudar de ver la isla en ese momento y dedicarnos a perrear y a usar el baño privado que teníamos en nuestro jardincito (juas).



La foto está borrosa, pero es que me tamblaba el pulso de la emoción


Bueno, tengo que irme ya, que aquí son las 8 y media de la mañana y tenemos que ponernos en marcha. La cenaza y todo lo demás tendrán que esperar.

Petons

2 comentarios:

  1. patri que te paso en el baño fantastico que ya no has escrito mas besos

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  2. Juas, pues que mi lado oscuro vago se ha desatado y me domina, eso es lo que me ha pasado....

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