martes, 15 de septiembre de 2009

MEGAPOST

Hola, qué tal?

Como veréis, no me he muerto, auqnue ayer me di un coscorrón de los que hacen historia. Es lo que tienen las literas, que son peligrosas si te olvidas de que hay una cama encima de tu cabeza :-P

Por lo demás estamos bien. Ayer fue un buen día, sobre todo porque hice la colada y mi ropita vuelve a estar limpia y fragante (Hasta me pude planchar las camisetas). Pero yendo al tema, que sé que muchos estáis en el curro y no os sobra tiempo (...ya os vale), paso a explicar lo que hemos hecho estos últimos tres días (qué vaga soy, jroña).

Bueno, antesdeayer nos pegamos la pateada de la historia. The History Pateading. Empezamos en el Ginkakuji, el templo de plata, que como sabréis en realidad no está recubierto de plata ni de nada. Este templo ya lo había visto otras veces, pero nunca con sol. Y es que nos hizo un día esplendoroso, justo lo contrario del día anterior en Fushimi Inari. El jardín se ve espectacular bajo tanta luz, a mí personalmente me encanta porque está lleno de todo tipo de musgo y parece terciopelo. Dan muchas ganas de revolcarse como un perrillo,jaja. Bueno, por lo menos a mí, pero es que yo soy muy fan del musgo, preguntadle a Su si no me creéis,está harta de oirme decir "¡cuánto molaría tener un sofá recubierto de musgo!" ( y setas!!!). Pero ya me estoy yendo por las ramas again.

Ojo a mi pinta de guiri total. Pero es que hacía mucho sol!!
Por fin he visto los jardines de arena blanca blancos!!
¡Musgo!
Vista desde lo alto del camino. Algunos momiji (arces) ya empiezan a estar rojizos
Después de eso recorrimos el paseo del filósofo, que se inicia a los pies del Ginkakuji y sigue el curso de un canal.
Siguiéndolo llegamos al pequeño templo de Honen-in, que es muy cuco y cuyo jardín se puede visitar gratis, lo cual no es moc de pav teniendo en cuenta que aquí te clavan por entrar a cualquier templo 500 o 600 yenes.
¡Musgoooooooooo!
Tras visitar este jardín seguimos el camino hasta el templo de Eikan-do. Este templo es mucho más grande y más espectacular. Los pabellones están comunicados por unos pasillos de madera que rodean jardines interiores, tiene una pagoda desde la que se ve casi todo Kyoto y la sala principal de culto es sencillamente majestuosa. Pero su tesoro más preciado es una pequeña estatua de Buda que se caracteriza por tener la cabeza vuelta hacia un lado. Según la leyenda, la estatua cobró vida ante el monje Eikan y le instó a seguirle, por eso mira hacia atrás, hacia todos los seres a los que todavía tiene que ayudar a llegar a la iluminación. Además de todas estas maravillas, el templo está lleno de detalles, como por ejemplo té verde gratis para degustarlo mientras contemplas uno de los jardines y/o meditas; un pozo en el que debes verter agua y a continuación escuchar atentamente porque las gotas suenan como el koto (arpa japonesa...¡y es verdad! incluso se oyen melodías); o uno de los pasillos de madera ( el que conduce a la pagoda) llamado "la espina dorsal del dragón" por su forma sinuosa.
Entrada al templo con sacerdote
El té verde sabe mejor con una vista así
La sala principal. Por supuesto, no permitían hacer fotos del interior :-(  (¿Qué tendrá esta gente contra las fotos?)
El espinazo del dragón
Vista desde la pagoda
Hasta se ve el Daimonji, el fuego con forma de kanjis que encienden en las colinas cada año
Vista de la pagoda
Después de esto, comimos un poco y seguimos la marcha. Abandonamos el paseo del filósofo y nos encaminamos hacia Gion, la zona antigua. Por el camino encontramos otro minitemplo en lo alto de una colina, desde el que se ve la gran torii del templo Heian
              
            
                                 
Después de eso ( y de mucho andar ) llegamos a la zona antigua. Donde si te pillan tirando algo al suelo, te multan con 30.000 yenes, no importa tu estatus o nacionalidad.
De camino nos pasamos a ver el torii de cerca
Apatrullando la calle
Si ensucias te crujen
Limpio mi tiendita, tralaralarita
Barberos: los hay a millones
Como aún no estábamos lo suficientemente cansadas (jaja....) nos acercamos hasta la orilla del río a darnos un paseíco y ver el ambiente. Las plataformas iluminadas que véis son restaurantes que sirven en ellas durante el verano.
                                 
Y después...¡¡Pontocho!! (Olga seguro que aprecia esto...)
  Desde Pontocho volvimos a salir al río, donde vimos un rato a unos chicos tocando.
Y después, hechas caldo, de vuelta al hotel.
                                                    

1 comentario:

  1. Muy bueno el reportaje,la verdad es que con tantas y tan buenas descripciones parece que estes alli,todo muy interesante,pero digo yo,que Japon tendra algo mas que templos,cuentanos aqlgo de las personas y de como viven o que les gusta hacer(si te apetece claro).

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